miércoles, 4 de abril de 2018

EN ALACENAS

"Jaulas" de Marga Colás y Pedro García


A lo que me dedico es al dolor
para dar sentido y forma
a la frustración y el sufrimiento
 Louise Bourgeois



       Como reza el dicho “aunque la jaula sea de oro, no deja de ser prisión”. Una jaula es sinónimo de reclusión, de privación de libertad y ni siquiera un material precioso hace que sea menos cárcel. En muchas ocasiones, las jaulas tampoco tienen entidad física, son jaulas mentales, imperceptibles ante los ojos de los demás e, incluso, ante los nuestros propios. Pero las jaulas no son menos jaulas por ser de cristal. Todo lo contrario. La invisibilidad de los barrotes es doblemente peligrosa porque no permite identificar el aislamiento y, por extensión, tampoco la causa del mismo. 

 Quienes se dedican a analizar el subconsciente sostienen que, aquellos que se ven enjaulados durante el sueño, desean expresar unas quejas que mientras están despiertos no manifiestan. La jaula se convierte así en un arquetipo arraigado en el inconsciente colectivo a través del cual expiar padecimientos e inquietudes. Louise Bourgeois dio testimonio de ello por medio de unas Celdas autobiográficas en las que purificó sus angustias y soledades en un auténtico ejercicio liberador.
 
Marga Colás

 Las jaulas (auto)impuestas de Marga Colás y Pedro García son, a través del dibujo y el collage en la primera y de la instalación en el segundo, objetos catárticos que purgan la falsa libertad que habitamos. De este modo, los trabajos presentados por ambos artistas manifiestan cómo nuestra autonomía no es tal y cómo lo personal es también político. Al igual que en Bourgeois, en estas celdas reales o metafóricas, se intuyen elementos autobiográficos tamizados. En ella a través de las presencias y en él a través de las ausencias. Cada pieza, a modo de microcosmos, refleja una inquietud vital íntima y concreta. 

Jaulas / Marga Colás e instalación de Pedro García

“Como metidas en alacenas”, así describe la criada Poncia la vida de las hijas de Bernarda Alba en la tragedia lorquiana. La jaula de cada una de ellas, la alacena, es la crítica social y el patriarcado que no las deja vivir. La alacena es, además, un elemento que remite directamente a lo doméstico, al ámbito del hogar que es territorio femenino por adjudicación patriarcal.  
En la obra de Marga Colás la mujer también habita en alacenas. Las presiones socioculturales, la violencia sexual, los cánones de belleza como el culto a la juventud y la delgadez… Your body is a battleground sentenció Barbara Kruger. Porque sí, el cuerpo de las mujeres es un auténtico campo de batalla físico y mental. En nuestros cuerpos y en nuestras cabezas se está librando una guerra. En palabras de Carla Rice son “territorios ocupados” o, podría decirse, “enjaulados”. Incluso aunque, de vez en cuando, consigamos abrir la puerta de la jaula o hacer ceder los barrotes ayudadas por el feminismo, vivimos en un permanente estado de sitio que nos genera conflictos en nosotras mismas. En el siglo XXI las mujeres queremos romper esquemas y gritar “ésta no es la Casa de Bernarda Alba”. Sin embargo, la dicotomía “cabeza moderna/corazón patriarcal” (citando a María Antonia García de Léon) nos mantiene presas del sistema y de nosotras mismas aún sin quererlo o, lo que es más peligroso, sin ser conscientes de ello. 

Marga Colás

Acompañando y reforzando la obra de Marga Colás, el trabajo de Pedro García alude a las inquietudes existencialistas del ser humano de una manera universal pero no por ello menos íntima. La fragilidad, la memoria, la ausencia, el dolor… son abordados de una forma marcadamente introspectiva a través del empleo de elementos cotidianos, de objetos presentes en su entorno más cercano. Precisamente éstos remiten de manera directa a lo doméstico entroncando con las reflexiones de Colás.  La omnipresencia de los platos que el propio artista califica de fortuita, remite directamente al hogar, al menaje guardado en la alacena de cualquier casa. Y, de nuevo, aparece la alacena como metáfora lorquiana de la jaula. Lo femenino se hace presente. Una madre, una esposa, una hermana… Ecos, quizás, de la memoria personal, de escenas vitales y próximas aunque subsumidas en el inconsciente y que el artista logra transmitir a través de la claustrofobia psíquica que invade al espectador su instalación de una jaula a escala humana. Ésta, parapetada por una muralla de platos, alberga en su interior un único plato roto aunque recompuesto con bridas. El dolor y su superación (o apaciguamiento), los múltiples fragmentos de loza y su cicatrización a través de anclajes. 
Pedro García ha configurado una escenografía de una fuerte carga emocional a través de la dualidad entre la consistencia y la rotundidad de la jaula y la fragilidad de la arcilla. 


"Platos" / Pedro García

Obra por obra en la exposición, ambos artistas enfrentan al espectador a la identificación de sus propias jaulas para deconstruirlas o subvertir su significado de modo que la alacena se pueda transformar en una “habitación propia”, en un cuarto conquistado y no en un espacio de aislamiento y miedos sino de empoderamiento. Marga Colás y Pedro García han trabajando juntos, remando en la misma dirección y compartiendo inquietudes complementarias. Es funesto ser un hombre o una mujer a secas; uno debe ser “mujer con algo de hombre” u “hombre con algo de mujer”, dejó sabiamente escrito Virginia Wolf, y en Jaulas este objetivo ha sido conseguido.   

"Jaulas" de Marga Colás
Jaulas 

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